Entre aquí y ninguna parte. Siempre le gusto aquello de dejarse llevar sin pensar en nada, buscando en el horizonte la forma de evadirse de cualquier situación y solo contemplar el mundo que tenía alrededor. Le encantaba, y es que era una de las pocas veces en las que se sentía de verdad libre. Libre y feliz.
Desde su lugar de observadora había contemplado cientos de situaciones diferentes y aquel verano que llegaba a su fin no era menos. Le habían dado la oportunidad de conocer el continente olvidado, África, ver con sus propios ojos las maravillas y lo que escondía aquel lejano y a la vez cercano continente.
A parte de un magnifico viaje, aquel verano le había ayudado a ver nuevas situaciones como el apreciar más a los amigos en un momento de separación de caminos como el que ya estaba empezando a producirse. Diferentes caminos que le recordaban el inicio de un nueva etapa. Una etapa cuyo objetivo era el descubrirse a una misma, o así es como lo percibía ella.
Estaba en un momento en el que el miedo a lo desconocido aparecía de nuevo pero eso sí siempre le quedaría el dejarse llevar entre aquí y ninguna parte para ser durante un instante ella. Solamente ella.